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¿Dictadura blanda del pensamiento único?

Decía Aldous Huxley: “Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje”, frase que cobra mayor importancia en tiempos modernos de agendas pintorescas de algunos partidos que promueven el famoso progresismo, una tendencia política de izquierda edulcorada con ciertos matices liberales en el aspecto económico. Su principal bandera de lucha acentúa su defensa del liberalismo cultural de las ya conocidas luchas contemporáneas como el neofeminismo, ecofanatismo, anticlericalismo y la sexodiversidad, utilizando un lenguaje rimbombante que oferta el característico idealismo de un mundo feliz e igualitario con el fin de captar el voto flotante, sector mayormente desentendido de la política.

Los activistas progresistas son reconocidos como los más influyentes en los millennias y que muchas veces son criticados por otros, debido a su agenda ideológica cargada de paternalismo estatal. Además, presentan ciertas contradicciones al promover una defensa de la libertad de pensamiento pero a la vez censurar opiniones distintas a las suyas, resulta curioso observar ciertos escenarios en los cuales se comportan como los policías del pensamiento, donde las ideas que no convergen con su discurso son tildadas de perversas y piden ser sancionadas. Expresiones conocidas como “homofobia”, “heteropatriarcado”, “xenofobia” y otros, provenientes de estos sectores resultaron posicionarse en el diccionario político de los debates más candentes sobre las libertades sexuales, aborto, feminismo moderno, etc.

¿Pero qué sucede cuando esta agenda progresista conquista el poder? Observamos que su promoción ha generado más polarización en el mundo, cuando deberían lograr mayor consenso, unidad y buena convivencia social por sus discursos bondadosos que prometen amor, paz, empatía. Sin embargo, se ha visto más violencia en las calles como es el caso de sus activistas feministas que impulsaron ataques a las Iglesias y a otras instituciones con el fin de ejercer presión política. Ciertas propuestas fueron incluidas en las políticas públicas de los gobiernos de turno y entraron a tallar en el área legal, terreno que ha sido conquistado hábilmente a favor de su agenda, no resulta extraño el caso del médico que fue condenado a cárcel por negarse a practicar un aborto en Argentina, acción que iba contra sus principios hipocráticos o la denuncia que recibió un pastelero que, en su libertad empresarial, se negó a realizar un pastel para una boda gay en Estados Unidos.

Una vez más podemos reconocer que en nombre de la “igualdad” y la “libertad” se está creando una atmósfera autoritaria del pensamiento único, pensamiento que ha sido adoptado en algunos gobiernos de corte progresista como es el caso de España, Canadá o Argentina, que han llegado a exagerar ciertas medidas, optando por sobreponer la ideología por encima de la racionalidad. Justamente, es ahí cuando surge la contraparte, actores políticos conservadores que van tomando fuerza con el tiempo, es el caso de Vox en España, liderado por Santiago Abascal, un enérgico opositor a la coalición Sánchez-Iglesias quienes sostienen un gobierno progresista. “La España viva” que promueve Abascal con menos estatismo, trato igualitario de mayorías-minorías y la defensa de la libertad religiosa, está tomando mayor preponderancia.  

Así mismo es interesante observar como otros partidos de corte conservador han logrado votaciones mayoritarias en EEUU y Brasil. Probablemente sería una tendencia que llegaría a repetirse en otros países, donde las políticas progresocialistas no han logrado solucionar las demandas comunes de mayorías y minorías. Los problemas de fondo no necesariamente son resueltos con determinadas ideologías, requieren análisis más profundos de acuerdo a la realidad de los hechos. Por lo tanto, hasta el momento se evidencia que, mientras exista el respeto a los derechos básicos del ser humano sin importar su condición económica, orientación sexual, religión, etc. se podrá construir mejores condiciones de desarrollo garantizando la libertad tanto de unos como de otros.

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Columnista:

Andrea Narváez
Asesora Política

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