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La división entre China y Taiwán y la continua tensión en la zona

A Taiwán se le puede describir como un quebradero de cabeza internacional. De hecho, ni siquiera hay consenso con su nombre. La isla de 36 000 km2 se encuentra a 200 km de las costas continentales chinas y el estatus de su soberanía es indefinido.

Tanto Taiwán como la República Popular China se reivindican como la “auténtica China”. Estas diferencias son una fuente de inestabilidad constante en la región y en el resto del mundo. El origen de estas diferencias se remota a la década de los 40 del siglo XX. Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial y la expulsión de Japón de la isla, la guerra civil en China entre comunistas y republicanos nacionalistas continuó. Finalmente, los comunistas ganaron y los nacionalistas se instalaron en Taiwán.

El líder de los nacionalistas, Chiang Kai-shek siguió presentando a la República de China como autoridad legítima a pesar de la derrota en el continente. Desde entonces, Pekín decidió recuperar la isla y utilizar la fuerza de ser necesario. El gobierno nacionalista se mantuvo en las Naciones Unidas y aseguró un puesto para el Consejo de Seguridad. La gran parte de los países occidentales lo reconocieron como el único gobierno chino, mientras que al gobierno comunista se le consideraba ilegítimo.

En el contexto de la Guerra Fría, EE.UU. apoyó a Taiwán con el fin de evitar que cayera en manos comunistas. Sin embargo, a partir de 1971, la situación cambió. Los estadounidenses se acercaron más a los chinos comunistas dado el enfrentamiento de los dos con la URSS. De esta forma, la ONU reconoció a la República Popular China como el único representante legítimo de China. No obstante, EE.UU. siguió apoyando a la isla y advirtió que cualquier ataque por parte de Pekín constituiría una gran preocupación para el país. La posición estadounidense no ha cambiado hasta el día de hoy. Mientras tanto, el reconocimiento diplomático de Taiwán ha ido disminuyendo a lo largo del tiempo. En la actualidad, solo 15 países la reconocen internacionalmente, dado que la República Popular se niega a entablar relaciones con quienes la reconozcan y consideran a la isla como una provincia rebelde.

Tras años de hostilidades, el gobierno comunista propuso en los años 80 la fórmula “un país, dos sistemas” parecida a la que se tiene con Hong Kong. Esto le otorgaría a Taiwán una gran autonomía si aceptaba la unificación con China. Sin embargo, la isla rechazó la propuesta y renunció formalmente a su aspiración de conquistar territorio continental.

Con la estrategia de ambigüedad respecto a la defensa de la isla por parte de EE.UU. y la política exterior agresiva de China, la posibilidad de un conflicto en la zona se ha incrementado paulatinamente. ¿Hasta dónde llegaría el compromiso estadounidense con Taiwán? Los expertos opinan que EE.UU. deberían clarificar y cambiar su estrategia ante una eventual guerra sin cambiar el estatus político de la isla o desatando una respuesta más agresiva por parte de China.

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