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El valor de la cultura política en la supervivencia democrática colombiana

Al hablar de democracia y participación ciudadana, existe un factor determinante dentro de la sociedad y es a lo que se conoce como cultura política. Para algunos investigadores, tendría que ver con “disposiciones y orientaciones de los individuos y los grupos hacia la política, sus objetos y los asuntos a ella ligados”[1]. Debemos partir, entonces, por entender que este término, muchas veces, se ve como el medio mas directo que legitima el accionar del gobernante, y el cual le permite al ciudadano, como miembro político activo, conocer, establecer criterios de valor e influir en el sistema político.

Teniendo en cuenta la contienda electoral que se avecina dentro de un año en Colombia, es oportuno realizar un análisis de cerca sobre las características que robustecen el sistema democrático y que al mismo tiempo, rectifican que tan naturalizada está la cultura política democrática. Para ello, se tendrán en cuenta cuatro elementos fundamentales de este término político, lo cuales fueron establecidos por el politólogo alemán Dieter Nohlen [2].

En primer lugar, encontramos la confianza en las instituciones políticas. En el caso colombiano, es una contradicción evidente. La desconfianza se hace apremiante, no solo hacia las múltiples instituciones estatales, sino que al mismo tiempo, se vira hacia los políticos, los procesos y las decisiones que los representan. De acuerdo con la última encuesta realizada por Barómetro de las Américas, en 2019, se concluyó que la insatisfacción y la poca credibilidad en la democracia en Colombia va en aumento, y así, la percepción de que la democracia es la mejor forma de gobierno  para Colombia se derrumba. En 2016 era de 31,4% y en su último informe registra un 29%.

Esa pérdida de la confianza sobre la manera en que el régimen democrático funciona en Colombia, va de la mano con la alta percepción de corrupción. En términos de Nohlen, el segundo elemento que tiene relación con la confianza de la ciudadanía, es la lucha constante y la toma de medidas para la reducción de prácticas que generen desconfianza.

En la realidad colombiana, a lo largo del tiempo, la lucha contra este fenómeno se ha mostrado como la base de las contiendas electorales. Sin embargo, en el ejercicio del poder, se impone lo que coloquialmente se conoce como “la rosca” o “la mermelada”. Lo cual, en los últimos años, ha tenido un gran impacto con escándalos como Odebrecht, el carrusel de la contratación, el cartel de la toga, y otros tantos.

En tercer lugar, se enmarca la tolerancia frente a la diferencia, como elemento esencial del pluralismo. La constitución política establece y proclama los derechos de una nación pluralista y libre; empero, cuando existen divergencias políticas, es muy común que se pretenda “derrotar” al otro. La falta de reconocimiento y respeto con aquel que es diferente se evidencia día a día en actos de violencia, maltrato y exclusión.

Por ultimo,  la capacidad de la élite política para formar compromisos y consensos, parece presentar falencias. En el funcionamiento, se hace referencia a  los enfrentamientos políticos y la radicalización de las posturas que han afectado la confianza para generar consensos, especialmente con el pueblo. Sobretodo si se tiene en cuenta que, en el deber ser, los mecanismos de participación ciudadana son una herramienta necesaria y muy útil en las democracias. En términos generales, inquieta que no exista un compromiso real frente al sistema en el que estamos inmersos para dar respuestas a problemáticas generales. Sin embargo, se reconoce que este es un proceso que requiere el desarraigo de los comportamientos tradicionales, y una correcta construcción de una cultura política pensada para el bien colectivo. Colombia aún está lejos de culminar o siquiera empezar este cambio.


[1]  Almond, G., & Verba, S. (1963). La Cultura Cívica: Estudio sobre la participación política democrática en cinco naciones. Princeton University Press.

[2]  Nohlen, D. (2007). Instituciones y Cultura Política. Constitución, democracia y elecciones: la reforma que viene, (págs. 271-275). Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM e IDEA Internacional.

Alcira Herrera Pérez

Estudiante de VIII semestre de Relaciones Internacionales y Estudios Políticos de la Universidad Militar Nueva Granada (UMNG) en Bogotá, Colombia. Consultora Política certificada con mención en Inteligencia y Contrainteligencia por la Consultoría Goberna. Actualmente, es parte de proyectos de iniciación científica encaminados a los asuntos de política y relaciones internacionales de América Latina de la UMNG.

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